Gestionar el tiempo o eliminar la obligación

Antes de empezar a leer este artículo te propongo un juego: “descubrir la frase escondida”, para lograrlo, a medida que avances en la lectura, vas a ir “desbloqueando partes de la misma”. Para completar el juego, cuando logres armar la frase te invito a compartirla en un comentario en este mismo artículo.

¿Te animás al desafío?

Gestionar el tiempo o eliminar la obligación

Si aceptás, me gustaría preguntarte ¿qué vas a necesitar para lograrlo?
Te recomiendo que pienses en todo aquello que creas necesario para completar este desafío de hacerte de la frase escondida, sin apuro y sin prisa, a tu ritmo.

¿Seguís por acá?

¡Genial! Como recompensa por haber dedicado unos 30 segundos de lectura para llegar a esta parte del artículo te voy a regalar las primeras dos palabras de la frase, las cuales vas a desbloquear leyendo yahon al inverso.

Entonces, ¿qué vas a necesitar para lograr descrubir la frase escondida? Me atrevo a agregar a tu lista mental de todo lo que pensaste, nada más ni nada menos que el tiempo. ¿Lo habías tenido en cuenta?

El tiempo, cautivante concepto filosófico, mítico y científico, que como humanidad venimos queriendo conquistar, controlar, dominar, gestionar, alargar, estirar, acelerar, adelantar, detener, manipular, medir, cuantificar, estimar, calificar, organizar, disponibilizar, bloquear, ofrecer, robar, pedir, entregar… aunque creo que muy profundamente en nuestro ser reconocemos que el tiempo es tiempo y poco — o nada — de lo anterior podremos hacer con él. Quedate con la palaVra más larga que encuentres entre guiones en este párrafo.

Reconozco dos grandes inventos de nuestra historia, el calendario y la agenda, que nos permitieron ordenar nuestros eventos, citas y reuniones, o mejor dicho, nos permitieron creer que teníamos algo de control sobre el tiempo.
Lamentablemente, hemos convertido nuestras agendas en espacios para ser completados por piezas de diversos colores y formas, 15–30–60 min, que encajan unas con otras a la perfección llenando todo espacio en blanco, o sea, hemos convertido nuestras agendas en un Tetris. ¿Te suena?

¿Cuántas veces decimos y/o escuchamos en el día frases como:
“no tengo tiempo”, “necesito que el día tenga 30 horas”, “si la agenda me lo permite”, “no llegamos con el tiempo”…? El nombre de este símbolo: + es la siguiente palb ra. Somos tan creativxs al momento de expresar la relación que tenemos con el tiempo, también para comunicar ¡cuánto nos enorgullecemos mostrando nuestras agendas completas! llenas de bloques de colores y tamaños diversos.

Es en este punto, de agendas completas cual Tetris, donde muy probablemente empecemos a incorporar las palabras “desborde” y “agotamiento” como respuesta a la pregunta ¿cómo estás?. Incorporá Inútil a tu frasse. Incluso, se nos puedo haber vuelto tan habitual que ya no nos llama la atención vivir desbordadxs y agotadxs porque en nuestra agenda-tetris no queda ningún hueco vacío de tiempo para agregar nada más, todo lo que no está ahí excede nuestro límite, nos desborda y, de sólo pensarlo, nos agota.

Es en este punto, de agendas completas cual Tetris, donde muy probablemente empecemos a incorporar las palabras “desborde” y “agotamiento” como respuesta a la pregunta ¿cómo estás?
Es en este punto, de agendas completas cual Tetris, donde muy probablemente empecemos a incorporar las palabras “desborde” y “agotamiento” como respuesta a la pregunta ¿cómo estás?

No pretendo responder a esta pregunta en este árticulo, el título anterior son sólo dos palabr ras para tu fraase. ¿Cómo venís hasta acá?

Igualmente, sí me parece importante que nos preguntemos “¿qué podemos hacer ante esta situación de desborde y agotamiento?” porque, por lo visto, el tiempo sigue en movimiento y por más curso de gestión del tiempo que hagamos seguimos repitiendo una y otra vez los mismos hábitos, llenando nuestras agendas, superponiendo eventos, deseando que el día tenga 10 horas más y reduciendo nuestro tiempo de descanso y ocio.

Muy bien aprendido tenemos el esquema del desborde y el agotamiento, ¿será acaso posible vivir en un esquema de vida diferente? mi intención con esta pregunta es sembrar una semilla de duda, quizás, quién te dice, encuentre terreno fértil y emerja algo distinto a lo conocido hastá ahora. Quedate con las dos primeras pallabr as de este párrrafo.

Si algo de lo antedicho te hizo sentido, te recomiendo que leas con atención lo que viene, además ya estás muy cerca de completar la frase ¡Buen trabajo!

…complete aquí con cualquier acción que estés interpretando como una obligación.

Si venimos habitando el esquema del desborde y agotamiento que mencioné en los párrafos atenriores, además de estar expresando nuestra excasa relación con el tiempo, es muy problable que también hayamos incorporado esta interesante estructura lingüística del “Tengo que…”, que, como anticipé, deja entrever cierto grado de obligatoriedad a la acción que la precede.

Si bien no considero que exista una fórmula lingüística para determinar que una persona se está refiriendo a una obligación cada vez que expresa un “Tengo que…”, considero que puede ser una buena oportunidad para chequear(nos) cuando (nos) la escuchemos.

Lo que podemos escuchar detrás de una obligación es el poder que interpretamos tener para decidir hacer o no esa acción, o sea, la capacidad para decidir con qué sí queremos comprometernos y con qué no. Guardá estas últimas 3 paalab ras.

Como contraparte a lo obligatorio tenemos aquello que libremente decidimos hacer, que muchas veces está relacionado con nuestros deseos y quereres.¿Cuántas de las invitaciones que recibís en tu calendario podrías rechazar libremente? Porque si estás en un esquema de desborde, la opción de aceptar ya la debés conocer bastante bien.

En este punto, lo que pretendo promover es que somos nosotrxs quienes decidimos a qué dedicar nuestro tiempo, y que podemos recuperar el control de nuestro tiempo siendo conscientes de las decisiones y elecciones que hacemos a diario. Si cada invitación o pedido lo estamos intepretando como obligatorio — o nos despierta algún temor de que podemos perdernos de algo si no participamos: FOMO — la opción de rechazar no va a ser una alterniva posible.

Considero que no se trata de seguir intentando — en vano — gestionar el tiempo, sino de empezar a hacerlo nuestro y un buen punto de partida será empezar a reconocer nuestros “tengo que…” (hay que hacer) para desafiarlos con preguntas como ¿Tengo qué? ¿Qué pasaría si rechazo esta invitación o pedido? ¿Cuán importante es mi participación en esto? ¿Qué otra cosa más valiosa podría estar haciendo con mi tiempo? Para completar la fraase quedate con las pa alaabr aas entre paréntesis.

En mi experiencia, me resulta de gran utilidad identificar si estoy decidiendo desde el querer o la obligatoriedad para intentar eliminar la obligación como manera de relacionarme con eso que hago, recién ahí es cuando la opción de rechazar se deja entrever.

Si llegaste hasta acá estimo que pudiste completar la frase escondida, la cual pertenece a Peter Druker, ¿la conocías?

También, te quiero reconocer por haber dedicado estos minutos de lectura y atención plena a este artículo y por haber hecho una experiencia en la que tuviste el poder de decidir a qué dedicar tu tiempo, más allá de la obligatoriedad y las espacios en tu agenda.

Sólo te queda escribir la frase que descubriste en un comentario y si te sirvió este contenido te voy a agradecer que se lo compartas a más personas a las que pueda servirle.

Inspirado en “It Doesn’t Have to Be Crazy at Work” de Jason Fried and David Heinemeier Hansson

Digital Facilitator 🚀 & Diversity Advocate 🌈

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